Después de miles de pláticas con familias por todo el país, aprendí algo sencillo: la gente no compra un seguro de vida porque le gusten los seguros. Lo compra porque ama a alguien.
Cada familia es distinta. Algunos solo quieren lo suficiente para cubrir los gastos finales. Otros buscan un seguro de vida a término para proteger a su pareja, a sus hijos o la hipoteca. Y otros quieren una cobertura permanente que acumula valor en efectivo con el tiempo. Mi papel no es empujarte un solo producto: es escucharte, explicarte tus opciones en palabras sencillas y ayudarte a encontrar lo que se ajusta a tus metas, tu presupuesto y tu etapa de la vida.
He visto a demasiadas familias abrir un GoFundMe para el funeral de alguien que querían, cuando una póliza pequeña que cuesta menos que el recibo del teléfono lo habría cubierto. La cobertura existe. La mayoría de la gente solo tiene dudas, no sabe por dónde empezar, o cree que no va a calificar. Ahí es donde yo entro.
“Mi trabajo no es venderte un seguro. Es asegurarme de que tu familia no tenga que abrir un GoFundMe cuando ya no estés.”
— Gilbert Lopez, Dueño